lunes, 14 de noviembre de 2016

Sensación de vivir II

Yo prestaba mucha atención a lo que decía Antúnez. No hablaba mucho, lo dije ayer, y no es que sus palabras fuesen perlas para enriquecer el intelecto. Pero su forma de hablar era muy particular. No se si os acordáis de Manuel Alexandre, un actor ya fallecido que hablaba un con ritmo vacilante, muy característico. Desde niño ha sido uno de mis actores españoles favoritos. Bueno, pues debido a sus temblores incontrolables, Antúnez hablaba igual.

Desde hacía varios días, Antúnez estaba más vivaracho, lo que en su caso quería decir que se animaba a ir a mear el sólo, y no se debía a la presencia de personal médico nuevo. De hecho, perdió un par de oportunidades de  perpetrar su broma del Actimel, y en su mirada se notaba que algo había hecho nacer en él una ilusión. Y un día, en que él estaba sentado en las escaleras de subida al módulo acompañado de otro interno, puse la oreja y me enteré de lo que pasaba.

- Yy ahoOoraA... Que me van a dar la libertaAaad... Me voy a ir a la capitaAal. A ttirarme en un baAanco y beber vino.-.
Bueno, pues eso era. Ahora, cuando ya llevo mucho años metido en este negocio, casi puedo decir que he visto de todo. Casi. Pero en aquel momento, la altura de las metas  que se puede llegar a proponer un ser humano tras años de privación de libertad, estuvo a punto de hacerme saltar las lágrimas.

Al día siguiente me fuí a mi tierra, a pasar doce días de libranza. Al volver a la cárcel recordé a Antúnez. En la puerta de su celda ya no estaba su nombre, señal de que ya lo habían puesto en libertad. Mientras tomaba un café con un compañero le comenté lo que le había oído decir aquel último día, porque la cosa me había hecho gracia. Pero en la cara de mi compañero lo que vi fue una leve sorpresa, seguida de una amarga sonrisa.
- Bueno, pues parece que iba en serio. A Antúnez lo encontraron muerto en un banco de la estación de autobuses, con un cartón de vino al lado, la mañana siguiente a su puesta en libertad. No consiguió llegar a la capital.-


Y es que Antúnez podría parecer un deshecho humano, pero al final resultó ser un hombre de palabra.

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