jueves, 17 de noviembre de 2016

Hasta la cocina

  Durante muchos años estuve de encargado de la cocina de una prisión. A muchos compañeros es un destino que no les gusta; Su queja principal es que te pasas el día en una oficinilla tu solo, o con la compañía de un cocinero contratado como personal laboral. No te mueves, no te relacionas con los otros funcionarios... Supongo que hace unos años, cuando tenía un culo bastante más inquieto que el que tengo ahora, se me habría hecho insoportable. Pero a día de hoy la perspectiva de estar catorce horas sentado y viendo la tele me resulta mucho más seductora.
  Además de eso hay otros dos asuntos desagradables. El primero es que, se cocine lo que se cocine, tu ropa va a oler a caldo concentrado de carne, de ese que viene en cubitos. ¿Por que? Misterio. Tu entras a currar una tarde en la que solamente están preparando de cena ensalada y embutido, y acabas con un olor en el uniforme a sopicaldo que parece que en vez  de detergente le hubieses echado a la lavadora un sobre de sopa minestrone. Iker Jiménez, aquí hay tema.
  El otro asunto desagradable es que tus compañeros en la sala van a ser quince internos armados de cuchillos. Sí, a algunos os sorprenderá, pero para cocinar hacen falta cuchillos, por raro que parezca, y el hecho de que los internos deban necesariamente tener acceso a ellos es lo que determina la obligatoriedad de que haya siempre un funcionario en la cocina. Para controlar la entrega y recogida de los mismos.
  Porque para eso estudié una carrera, y una oposición de cincuenta y cinco temas, señores. Para estar toda mi jornada al lado de un cajón de seguridad lleno de utensilios de cocina. Y dentro de lo que cabe tampoco está tan mal. Un día me tocó estar de vigilancia en la culera* durante horas, esperando a que un interno al que habían señalado los perros antidroga a su regreso de un permiso, tuviese a bien expulsar la misma de su organismo. Una vez lo hizo, le sacamos rápidamente de la habitación y procedí con la mayor diligencia a remover lo que había expulsado con un palo, para intentar encontrar lo que fuera que hubiese ahí (generalmente bolas de costo envueltas en preservativos). No había nada, y casi mejor. Pero el pensamiento me atormentó el resto de la jornada. ¿Para esto tanto estudiar?.
  Claro que, si al niño de seis años que fui una vez le hubiesen dicho que se iba a ganar la vida de mayor tocando una caca con un palo, le habrían dado la alegría de su vida.



* Una culera es una celda habilitada expresamente para que los internos sospechosos de albergas algún objeto prohibido en el interior de su organismo, lo expulsen. Para ello están generalmente desprovistas de todo mobiliario excepto un retrete, y éste está conectado a una tubería que sale al exterior de la habitación y deposita el contenido en un desagüe equipado con un filtro, donde queda depositado el objeto en cuestión. Se observa al interno en todo momento mediante un espejo trucado, similar al de una sala de interrogatorio policial.




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