miércoles, 14 de diciembre de 2016

Tareas de Rutina

Trabajo en un Centro penitenciario de tamaño mediano. Antes de trabajar aquí estuve destinado, entre otras, en una cárcel pequeñita de una isla minúscula, por ahí en el quinto pino. Alguno de mis compañeros, que no han tenido el dudoso placer de compartir esta experiencia, se frotan las manos ante la perspectiva de un destino en un lugar así. - Setenta y cinco internos, como mucho, - dicen - ¡Eso tiene que ser una guardería!-

 Pues mis cojones treinta y tres, digo yo. Precisamente, cuanto mayor es el Centro más funcionarios hay, y más especializados están los destinos. De manera que, si por ejemplo llegas un día a trabajar y te toca estar en el patio de un módulo, tienes todas las papeletas de empezar y acabar la jornada sin moverte de ahí. En una cárcel pequeña, ya de entrada te va a tocar estar en tres patios a la vez, todo ello mientras mueves a la cuadrilla de albañiles (siempre hay una currando, o haciendo como que, en todas las cárceles de España), ir a cachear al novio de alguna que viene a un vis a vis, repartir la comida, vigilar la medicación del todo el centro y , si no tienes suerte, pasarte media hora mirándole fijamente la polla a alguno que tiene analítica y no le sale la meada. Un circo de tres pistas, durante quince horas seguidas de actuación. ¿A que los compañeros que han currado en estas mini cárceles saben de lo que hablo?. Pues eso, una puta mierda. Y que tengas suerte y no te toque ingresos, que de eso ya hablaré en otra entrada.

  Y todo lo que acabo de mencionar arriba, mas algunas cosas a mayores que no recuerdo, entran dentro de lo que van a ser tus tareas diarias habituales. La rutina. Porque de vez en cuando, generalmente cuando pensabas que ya tenías el tema dominado, la vida te daba una sorpresa. Y saltaba la marcianada.

  Un día que no me pude escapar a tiempo, el director me pilló por banda con un divertido encargo. No me hizo gracia, y se me notó en la cara, pero es que la del baranda tampoco era para tirar cohetes. Hubiese preferido tener que hablar con cualquier otro funcionario. Yo no le caía bien, ni él a mí.

Todo venía desde mi segundo día de trabajo. Yo estaba dando una vuelta de reconocimiento por las instalaciones, que tenían el aspecto y tamaño de un colegio pero con menos dibujos de tetas en los urinarios, y más rejas. En una esquina, un miembro de la cuadrilla de albañiles alicataba con escasa pericia la parte baja de una pared. A su lado, de pie, un tipo delgado y con las mejillas hundidas lo observaba con las manos entrelazadas a la espalda. Estuve un buen rato espiándolos tras un recodo. El tipo delgado encendió un pitillo y lo fumó con caladas espaciadas. Tranquilamente, oye. Me acerqué a él.
  - Oiga, ¿no cree que ya está bien de tocarse los huevos, y que igual debería ponerse a ayudar a su compañero?- El tipo se atragantó a media calada, tiró la colilla al suelo y se largó sin decir ni pío, supongo que debido al ataque de tos que estaba sufriendo. Saqué el boli y la libretilla, y ya me disponía a seguirlo cuando un compañero que había contemplado la escena interrumpió lo que iba a ser un hecho histórico: El glorioso momento en que un funcionario con dos días de antigüedad en el puesto le metió un parte al Director de su centro de destino.

 El caso es que desde aquellas, yo no le gustaba. Y como yo no le gustaba a él, él no me gustaba a mi.


Lo de siempre.
 

3 comentarios:

  1. Algo parecido me paso a mi con el director de Soto. Que le pregunte que cual era su chabolo. Menos mal que no se lo tomó mal y nos echamos a reir y no sufri represalias, bueno eso y que al poco tiempo dejo el cargo porque le ofrecieron un cargo politico en zaragoza

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    1. Si es que no sé que pretenden, de paisano por el Centro Penitenciario y sin identificarse... XD.
      Gracias por tu comentario, compañero.

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