viernes, 2 de diciembre de 2016

Jugando al ahorcado I

  Villaza era como un niño, y pocas cosas le sientan peor a un niño que las burlas de sus compañeros de patio. Mientras le curaban la nariz, Villaza no pudo dejar de oír desde la enfermería las risas de los otros internos, y eso le dolió. Iba a decir que le dolió más que lo de la nariz, pero no creo. Eso debió doler ya lo suyo. Si lo hubiésemos soltado de nuevo al patio, sin duda habríamos tenido lío otra vez. En estos casos, normalmente lo que hacemos es cambiar al interno a otro módulo donde no tenga enemigos, pero Villaza ya había estado en todos nuestros módulos y en todos, como la Sanmiguel, había triunfado.

 Así que hicimos lo habitual en estos casos; Pasamos a Villaza en artículo 75.1 al módulo de aislamiento, él solito en una celda y con un mínimo de contacto con otros internos. A ver si no nos la liaba, y en pocos días la Dirección General nos autorizaba a trasladarlo a otro Centro Penitenciario. Porque así es como funcionamos, por si no lo sabéis. Cuando un interno no se adapta al centro en un tiempo prudencial, y además causa problemas, se le traslada a otro centro. Si tenéis en cuenta que hay más de setenta Centros Penitenciarios en España, pues os daréis cuenta de que podemos tener a un interno rebotando de uno a otro hasta que se cumpla condena, por larga que ésta sea.
 
  Bueno, el caso es que a Villaza lo separamos del resto de la población interna, por su bien, por el de los otros internos, y un poco también por el nuestro. Y, como suele ser común, él sólo en su celda, se puso a... Bueno, darle vueltas a la cabeza, porque tampoco es que a lo que hizo le podamos llamar 'pensar'. En su mundo particular, que coincide con el de muchos otros internos, irse así, sin pelear, es una especie de ofensa contra su hombría, o algo parecido. Si no puede pelear con otros internos, pues peleará con los funcionarios. Y si no puede pelear contra los funcionarios, o no quiere porque sabe que no le conviene, pues se autolesionará.

  Y una forma muy común de autolesionarse es fingir un suicidio. ¿Os acordáis el tipo del que os hablé el otro día, que intentó fingir un suicidio plantándole fuego al colchón al que estaba encadenado?. Bueno, pues es algo así. Pero claro, el tipo ese lo hizo muy mal, porque cuando se trata de fingir un suicidio la clave está en no morirse. En este sentido, Villaza lo hizo de puta madre. Sólo le faltó resultar mínimamente creíble.

 
 

2 comentarios:

  1. quizá lo hagan xq privarle a una persona d libertad es tan cruel como la muerte y sea una situación muy difícil de soportar

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  2. Hola de nuevo. Bueno... Iba a soltarte un rollo sobre años de servicio y darte cuenta de cuando alguien está desesperado en serio o haciendo un paripé, pero lo cierto es que cualquiera con un poco de empatía y que se relacione con seres humanos, sin importar el ámbito, se puede dar cuenta de cuándo una persona tiene problemas serios o cuándo simplemente quiere llamar la atención.
    Sí que es cierto que intramuros todo esto se magnifica, y lo que en la calle se arregla con una discusión o una borrachera, aquí adquiere a veces tintes más dramáticos. Y que lo que tú solucionas llevándote a un amigo que está de bajón a tomar un café, aquí requiere atención profesional. Y a veces esa atención no es suficiente, o no se detecta esa necesidad, y suceden desgracias. Pero en su origen, la situación es la misma que en la calle.
    Y en el fondo, llegados al extremo de la tentativa de suicidio, no es difícil descubrir quién iba en serio y quién no. Porque el que va en serio, no suele fallar en su intento. Desgraciadamente.

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