domingo, 18 de diciembre de 2016

La cúpula del trueno

Es festivo, y además llueve. Estas dos circunstancias ralentizan el pulso de la prisión hasta casi detenerlo. Sentado en la botonera de Jefatura, controlo las compuertas que conectan entre sí todos los módulos del edificio. Para ir de uno a otro, tienes que pasar obligatoriamente por aquí, y yo debo abrirte.

En dos horas, solo ha pasado un funcionario a buscar un café en el economato, y a medio camino se dio cuenta de que, evidentemente, estaba cerrado. Y se volvió por donde había venido negando con la cabeza.

A mi lado Hilario, el Jefe de Centro, aprovecha la tregua para poner al día en su ordenador el listado de internos por módulo y la celda en la que duerme cada uno. Bostezo por enésima vez. Hilario me mira y, supongo que para entretenerme, me señala su pantalla.
- Mira este. ¿A que no sabes lo que hizo?.-
En la pantalla, la ficha penitenciaria de un hombre oriental. Su nombre son tres monosílabos que parecen onomanopeyas de un cómic. Debe ser vietnamita o algo así. Recuerdo haberlo visto por el patio, el típico anciano sensei con una sonrisa desdentada y cuello delgado que le dan aspecto de tortuga. Parece buen tipo.
- Pues ni idea. Sorpréndeme.-
Lo hace. Por lo visto, este sujeto tenía un amigo que todos los sábados acudía a jugar a un club de golf a una hora determinada. Una tarde, aprovechando esta circunstancia, el vietnamita (o lo que sea) entró a los vestuarios del club, forzó la taquilla de su amigo y se apoderó de las llaves de su casa. Tras entrar en la misma, procedió a secuestrar a su hija adolescente a la que violó en repetidas ocasiones antes de matarla, no sin antes volver a pasarse por el club de golf a dejar las llaves en su sitio. El testimonio de sentencia abunda en detalles que os voy a ahorrar. Hoy me voy a saltar la merienda.
- Que horror. Que hijo de puta.- No se me ocurre nada mas. En estos años ya he leído unos cuantos testimonios de estos, y me dejan la mente como anestesiada. Debe ser una especie de mecanismo de defensa, para no asimilar en todo su horror lo que acabo de leer.
- Y mientras no apareció el cadáver - me cuenta Hilario - el cabrón era el que más ayudaba en la búsqueda. Hay que ser cínico...-
- Bueno, supongo que el que seas un pésimo ser humano no quiere decir que tengas que ser un mal amigo.-

Hace un momento que entró Ramón, otro compañero, y ha aprovechado para leer lo mismo que yo, por encima de mi hombro. La cara se le ha quedado tan inexpresiva como la mía y, también igual que yo, permanece en silencio. Algo hay que decir. Ramón se arranca.

- Pues parece que también nos van a traer al otro cabrón, el que quemó a sus hijos.-
- ¿En serio?-
- Si... Se ve que se intentó cortar el cuello. Esos intentos de suicidio pueden suponer un traslado, y somos la cárcel más cercana.-
- Intento de suicidio - resopla Hilario. -Me gustaría a mi ver esos cortes. Seguro que son arañazos que le hizo su novio mientras lo sujetaba fuerte por detrás.-

Nos reímos todos. El mal rollo se desvanece y para Ramón y para mi llega el momento de los disparates.
- Pues aprovechando que tenemos los invernaderos vacíos y sin plásticos, podemos engancharles por fuera algunas herramientas del taller y soltarlos a los dos dentro. En plan Mad Max 3.-
- Ya te digo. 'La Cúpula del Trueno'. Jaja.-
- Dos hombres entran, uno sale!! Jajaja.-
- Y conseguimos abono para plantar en primavera.-
- Abono fijo que lo conseguimos del susto que se iban a llevar en cuanto entraran!!-
- Jajajaja-
- Oooye!!! Podríamos hasta montar un reality!
Hilario nos ha estado mirando alternativamente y con los ojos cada vez mas abiertos. Se pone en pié de repente, y sale por la puerta hablando solo:
- Yo no sé que psicotécnicos de mierda hacen en la oposición, porque está visto que aquí entra cualquiera!!-
A Ramón y yo ya no hay quien nos corte el ataque de risa. En cuanto recupero el aliento un poco, llamo a Hilario.
- ¿A donde vas?-
- A por un café!-
- El economato está cerrado, ¿no ves que es festivo?-

Hilario se vuelve, negando con la cabeza.

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