sábado, 18 de febrero de 2017

Punto en Boca

  Una de las pocas ventajas que tiene la movilidad (o casi debería decir la inmovilidad) geográfica del cuerpo al que pertenecemos es que en cada Centro Penitenciario se juntan funcionarios de todos los rincones de España. Gracias a ello, cuando la gente se enrolla, organizamos aperitivos que se convierten en una pequeña cata de productos típicos, desde un flaó mallorquín a una cecina de León, que en realidad no es de león sino de vaca. (Sí, ya sé que es malísimo. Pero cada vez que alguien saca la cecina, salta alguno con el chiste, y si lo que quiero es reflejar la vida de un funcionario, tengo que contarlo. Mil perdones.)

  Habíamos hecho planes para la mañana de hoy. Los sábados la prisión gira a medio régimen, y los mandos no suelen dejarse ver. Así que es el día ideal para atacar las taquillas y ver qué tiene cada uno de 'fondo de armario'. Juntamos queso manchego, chorizo picante scurado en el Bierzo más profundo, e incluso un poquito de jamón. A eso de las doce conseguimos reunirnos cuatro o cinco en la cabina de acceso del módulo uno, y nos dispusimos a dar comienzo a lo que en ambientes más 'cool' se denomina 'brunch' pero que nosotros llamamos almuerzo. Por dos motivos, el primero porque ni siquiera rayando en la ciega temeridad se nos podría considerar  'cool', y el segundo porque el 'brunch' implica saltarse luego la comida. Y eso no lo ha hecho un funcionario de carrera jamás en la historia del cuerpo. Creo que si te saltas la comida te abren expediente o algo así, no me atrevo a comprobarlo.

   Pero bueno, al final no pudo ser. Cuando ya teníamos todo montado, con las viandas cortadas en sus platitos de plástico y tal, un interno se acercó a la ventanilla que comunica la garita con el patio. Sujetaba con su mano derecha una hoja de instancia por triplicado a la altura de la cara, que le quedaba oculta de la nariz para abajo. Golpeó el cristal de seguridad un par de veces con su mano izquierda, tímidamente. Francisco, el compañero que estaba de servicio en la dependencia, abrió la ventanilla, supongo que con el ánimo de despacharlo lo más rápidamente posible.
  -¿Que quieres, Celestino?. Las instancias se recogen de nueve a once.-
Celestino bajó lentamente la instancia, descubriendo su rostro. De su labio superior colgaba,  atravesándolo, un hilo negro en uno de cuyos extremos brillaba una aguja.
 - Que me voy a coser la boca, Don Francisco.- Dijo a media voz, con miedo. Francisco suspiró, con un suspiro que era casi el gemido de una bestia herida. Una bestia que se ha dado cuenta de que se acaba de quedar sin almuerzo.
  - Qué coserte la boca ni que polla. Eso no es ni hacerse un 'piercing'.-
  - Quería hablar con el Jefe de Servicios, Don Francisco.- Francisco asintió, en silencio. Llamó a Jefatura por el teléfono interior, y en menos de un minuto otro funcionario y escoltamos a Celestino hasta el centro de la cárcel.

  Llamé a la puerta, pedí permiso al Jefe, y, siguiendo sus instrucciones, hice pasar a Celestino al interior del despacho. Mi compañero y yo nos quedamos fuera, porque el quedarnos sin almuerzo nos había puesto de mal humor, y porque nos conocíamos de sobra los motivos por los que Celestino había pergeñado ese patético intento de hacerse el duro. No necesitábamos oírlos de sus apenas perforados labios.


  Hace cosa de una semana, el psiquiatra vino a pasar reconocimiento. Si me preguntaran mi opinión, diría con el paisanaje que tenemos aquí dentro (y no me refiero sólo a los internos) tendría para montarse una consulta permanente, y venir a diario. Pero como nadie me va a preguntar mi opinión pues no lo digo. El caso es que atendió a Celestino, y vete tu a saber por qué, le cambió la medicación. Mal hecho. Los anteriores medicamentos, según el propio Celestino nos explicó a todos los funcionarios ( a todos y cada uno, de manera reiterada, no menos de diez veces al día, durante los días siguientes) tenían un ligero toque de anfetaminas, y le daban, en sus propias palabras, 'un subidoncillo'. Las nuevas pastillas se ve que no lo tenían, y eran más bajoneras. Y claro, no le gustaban. Es comprensible. Otra cosa que no le gustaba, me dijo, era que las pastillas se las dieran pulverizadas en bolsitas, en vez de enteras. Si os preguntáis el por qué de esta medida, habéis de saber que se hace para evitar que comercien con ellas. Los internos conocen las formas y colores en que se presentan los fármacos mejor que el más veterano de los visitadores médicos. Pero claro, un polvo blanco en un sobrecito de plástico, ¿Quien sabe lo que puede ser?. A Celestino esto no le parecía bien porque, me confesó un día;

  -¿Cómo sé yo que los médicos no me están dando cianuro?.- Era una buena pregunta.
  - Supongo que si te lo estuvieran dando no estarías vivo, ¿no?- Celestino me miró con recelo. No se quedó muy convencido. De todas formas, mi impresión era que estaba vendiendo las pastillas y estas que le daban ahora no tenían tanto mercado como las otras. Llamadme suspicaz.


   Finalmente José Ramón, el Jefe de Servicios que estaba hoy de guardia, y Celestino, salieron de Jefatura. Celestino estaba más calmado, y sacó un mechero para quemar el extremo del hilo y sacarlo de su labio sin la aguja. No fue algo agradable de presenciar.

   - Bueno Celestino, pues dejamos la cosa así, ¿de acuerdo?. Tú quédate tranquilo hasta el martes, que ya volverá el Psiquiatra y lo hablas con él. Ya sabes que nosotros, en temas de medicación no podemos hacer nada.- El Jefe le había dado mucho jabón, saltaba a la vista, y Celestino asentía en silencio. Pero no quiso privarse de decir la última palabra.
   - Vale, Don José Ramón, le voy a hacer caso. Pero como el psiquiatra pase de mí, me voy a coser la boca entera y luego voy a venir a hablar con usted.- Me mordí el labio para no soltar una carcajada. 'Eso no me lo pierdo' iba a decir, pero el Jefe me fulminó con los ojos. No fuera a ser que todo su esfuerzo contemporizador se fuera al carajo por una estupidez mía.
   - ¿Jaime, por qué no te vas a tomar un café?- Me propuso. No le dije que no. Algo era algo, después de perderme el almuerzo.


 

1 comentario:

  1. vaya bueno jajaja me encanta este blog! acabo de aprobar la opo y ahora mato el tiempo libre leyendote jeje la verdad que esmuy entretenido! no lo dejes por favor!!!

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