Entradas

Mostrando entradas de 2026

El chivato 2

  Desde hace unos años (no muchos), los internos de las prisiones españolas están autorizados a hacer videollamadas.  El sistema es simple; En lugar de una cabina telefónica (y seguramente por una fracción de su precio, porque yo creo que ya ni se deben fabricar recambios para ellas) lo que se instala son tabletas, en un soporte. El interno compra en economato un ticket con un código personalizado que, introducido en la tableta, le da acceso a llamar a los teléfonos que tenga autorizados durante un número determinado de minutos. Mediante la aplicación WhatsApp , que es la única instalada en los dispositivos, se pueden hacer videollamadas a estos números. Bueno, no tengo nada que explicaros aquí que no sepáis ya todos como va. Para dar un poco de intimidad a estas comunicaciones, y a modo de guiño hermanador de las nuevas tecnologías y las antiguas, en los talleres de mantenimiento de esta prisión un equipo de internos particularmente entusiastas fabricaron hace unos años unas ...

El chivato

                                     1 Aún en lo más oscuro de la noche, en el medio del estrecho de Gibraltar, la calma chicha no permitía que refrescase la temperatura. A mediados  de agosto, un calor pegajoso perlaba la piel de los hombres de mar porque, por una vez, la Zodiac semirrígida avanzaba apenas al ralentí en vez de avante toda, vetando el alivio que el aire les podría ofrecer a más velocidad.  De todas formas, eso duraría poco. La tarea que les hacía disminuir su ritmo era breve y en cuanto la terminasen  volverían a acelerar a fondo, se repitió mentalmente Bär, patrono de la embarcación. Rumbo a la costa de África a cargar la mercancía acordada apresuradamente pocas horas antes, y de vuelta a la costa de Cádiz sin tregua, para llegar antes del amanecer.  Pero primero lo primero, pensó. Bär, porque su apellido era ese, Bär con diéresis, y no Bar o Val como le l...

Expulsión voluntaria

 El timbre del teléfono vibra como si estuviera dentro de mi cabeza. Tengo un catarro de cojones. Descuelgo antes del segundo toque, para ahorrarme el sufrimiento. Llaman de la oficina de régimen, que tenemos que llevar a un interno al departamento de ingresos, que la Policía Judicial lo espera para ejecutar una orden de expulsión a su país. Costa Rica .  Miro hacia el patio por la ventana de mi cabina. Cuatro grados centígrados. El aguanieve ha disipado la niebla.  Me despido del interno, nos conocemos ya de varios años en el módulo. Negro, serio y trabajador. Ninguna de esas cartas es un triunfo hoy en Día.  Le doy la mano.  - Suerte. Ojalá me deportasen a mí también. El interno se sorprende al principio, pero un escalofrío que le hace subirse el cuello de la cazadora, y un estornudo mío, le hacen entender la situación. - Si quiere nos intercambiamos, don Jaime.- - Pues porque tengo dos bocas que alimentar, que si no ya estábamos sacando el betún. ¿Lleva uste...

Rápida y mortal

 Salgo a dar una vuelta por el hall y sala de televisión del módulo. En la cabina de funcionarios hace mucho frío, los radiadores no funcionan bien. Y es domingo. Hasta mañana no vendrá nadie de mantenimiento, porque en domingo sólo atienden urgencias y que mi viejo culo de servidor público se quede helado, evidentemente no lo es. Así que salgo a ver y dejarme ver por el módulo. Fuera de la cabina hace más frío, pero al menos me muevo y reactivo un poco  la circulación, me digo a mí mismo. En qué momento se me ha ocurrido. Caminando directamente hacia mi, con un contoneo de caderas estudiado al milímetro para ser lo más exagerado posible sin caer en lo ridículo, viene Arlene, o Donato Veiga si atendemos al nombre que figura en su DNI. No sé si os acordáis de ella, os la presenté en un relato anterior, 'Familia extendida'. Echadle un ojo, y así recordaréis también a su novio, Poblete.  Hace unas semanas no sé a quién convencieron, dentro de la Junta de Tratamiento del cent...