jueves, 19 de enero de 2017

Grandes Planes. El desenlace. 2ª Parte.


Claudia firmó el albarán, y subió a la cabina. Bajo la panza del camión, Cansado Demás pudo oír la puerta cerrarse antes de que el motor arrancase y su ensordecedor ronroneo apagase cualquier otro sonido del exterior. El cacharro temblaba bastante al ralentí, pero se aguantaba el equilibrio más o menos sin problema. Al menos en parado. En marcha y con baches... Ya veríamos.

  Permanecieron inmóviles un par de minutos, para permitir que el sistema de aire cogiese presión. Finalmente la conductora engranó la primera velocidad, y se pusieron en marcha. Ahora todo era cuestión de controlar a la perfección los tramos. Tras un poco menos de cinco minutos rodando a la velocidad de una persona a pie, se detuvieron. Estaban ante la primera verja, la que separaba el patio de internos de la carretera de bajada a la Puerta Principal. Claudia mostró su identificación al funcionario, y éste subió a la garita de control para accionar el botón de apertura. La verja se desplazó lentamente a un lado con un zumbido eléctrico, pero esto Cansado no pudo oírlo, enmudecido por el atronador rugir del Diesel.

  Tras pasar este primer obstáculo, Claudia encaró la bajada a puerta principal. El camión se inclinó perceptiblemente hacia adelante, y Cansado notó cómo sus brazos cargaban ahora con más peso. Sin aumentar la relación de cambio para impedir que las treinta y ocho toneladas se embalaran, descendieron lentamente la colina hasta la esclusa. El motor pasó del rugido del ralentí a un aullido, al subir de vueltas para retener la inercia del Pegaso. Medio kilómetro después, el aullido se fue haciendo cada vez más grave conforme Claudia apretaba los frenos y detenía su enorme máquina en el medio de la esclusa. La compuerta trasera se cerró, bloqueándolos por completo. El motor volvió a ronronear al ralentí, Claudia se bajó para dejar subir a su 'despacho' a un Guardia Civil, y se procedió al registro, la parte más peligrosa de toda la fuga. Mientras un Guardia comprobaba que no había nadie oculto en la cabina, otro hizo lo propio con la caja de carga. Un Funcionario sacó el espejo de revisión, y lo pasó lentamente por debajo del camión, desde delante hacia atrás. En cuanto Cansado lo vio, cerró los ojos con toda su fuerza, en parte por nervios y en parte porque eran lo único blanco de su figura, y destacaban como los de un dibujo animado en una noche oscura.

  Permaneció así, apretando sus ojos, durante casi cinco minutos. Y cuando estaba ya a punto de decidirse a abrirlos, el camión emprendió nuevamente su camino. Cansado vio pasar bajo él el cemento que cubría el suelo de la esclusa, el riel por el que corría el portalón exterior y, tras él, el asfalto de la carretera. Estaba fuera. Abrió la boca para gritar de alegría, pero en ese momento Claudia cambió de marcha y  se tragó una densa bocanada de humo negro. Tragando saliva con fuerza, consiguió a duras penas evitar ponerse a toser, lo que le habría supuesto quizá un resbalón y la muerte. El  árbol de transmisión giraba ahora veloz a dos palmos de su cara, y la posibilidad de que se enganchase en cualquier parte colgante de su figura y tirase de él para descuartizarlo le hizo recobrar ánimo. Se empujó con más fuerza hacia arriba, contra la parte baja del cajón.

 Dos minutos después de abandonar el Centro Penitenciario, Claudia dejó de acelerar, redujo marcha, y entró en la rotonda que marcaba la mitad de camino. Cansado notó la fuerza centrífuga del giro, que le hizo percatarse se dónde se encontraban. Todo iba bien, muy bien. Claudia volvió a acelerar, cogieron velocidad, y más o menos cuando Cansado calculaba que debían estar llegando al pequeño polígono industrial donde se descargaban las cajas de ajos, el Pegaso se detuvo durante unos segundos, luego arrancó de nuevo, avanzó unos pocos metros y se detuvo definitivamente. El motor se paró, y a pesar de que los oídos le zumbaban bastante todavía, Cansado pudo oír la puerta de la cabina abrirse y cerrarse. La conductora había bajado.

  Contó hasta diez mentalmente, y con el mayor sigilo se descolgó de su escondite. Mejor salir por la derecha, el lado contrario al del volante, no fuera a ser que Claudia estuviese aún por ahí. Cansado salió caminando encorvado de debajo de la panza del vehículo, se estiró, miró a su derecha, y se encontró cara a cara con un Guardia Civil con los ojos como tetas de la sorpresa. Difícil decidir quién de los dos se llevó el susto más grande, pero al menos Cansado fue lo bastante rápido como para levantar las manos y gritar '¡NO DISPARE! antes de que el Guardia desenfundase su pipa. El Guardia le dio el alto, a los gritos acudieron un par de Guardias más, y entre los tres se llevaron al pobre Cansado a rastras al Cuerpo de Guardia del Centro Penitenciario. Que estaba allí mismo, en la pared derecha de la esclusa de entrada.

  No veáis qué lio. Los Guardias se pusieron a preguntarle quien era y qué pretendía entrando a la prisión así, en plan comando. Cansado estaba demasiado deprimido para contestar, porque no entendía qué carajo estaba pasando. Y arriba, en los talleres y módulos, nos estábamos volviendo locos porque en el recuento de la salida de talleres nos había faltado un tío. Al final , después de media hora contando y recontando, nos juntamos varios funcionarios en la oficina del módulo y el Jefe de Servicios llamó a la Guardia Civil para informar de la posible fuga. El Sargento al mando de la seguridad exterior, un tipo muy campechano, le ofreció la solución:

  - Pues no hay por qué matarse a buscar, tenemos aquí a un ninja que estaba intentando entrar de estrangis. Lo ponemos en  lugar del otro...- El Jefe no le dejó terminar la frase.
 - ¿QUE TENÉIS QUÉ?-
 - Un tipo todo vestido de negro, que estaba intentando entrar debajo de un camión.-
 - Entrar.- El Jefe no daba crédito. Bueno, ninguno lo dábamos.
 - Si, si. Debajo del camión de los ajos.-
 - Voy para allá.- El Jefe me pasó el teléfono, cogió su chaqueta del colgador y salió de la oficina. Yo me quedé con el auricular en la mano, y un poco por romper el silencio, pregunté al Sargento:

 - El ninja ese, ¿tiene cinco estrellas tatuadas en la frente?-
 - Pues la verdad es que no lo sé, porque tiene toda la cara tiznada.- Y tras unos instantes de reflexión, completó: -Además, es un ninja, no una Mahou.- Le oí reírse al otro lado de la línea.
 - ¿Y puede comprobar si tiene un tatuaje en la mano derecha que pone 'niña vajate las bragas'?-
El Sargento enmudeció.
  - ¿En serio?.-
  - Si.- Pasaron unos segundos al cabo de los cuales el Sargento retomó el auricular. Se le notaba perplejo aún al otro lado de la línea.
  - Pues si... Sí que lo tiene. Madre mía.- Y añadió: - ¿Cómo espera presentarse en una entrevista de trabajo con eso tatuado?
  - Si, eso mismo me pregunto yo.- Y colgué.





Y al final, la que acabó pagando el pato fue la pobre Claudia, que poco antes de llegar a la rotonda se había dado cuenta de que se había olvidado el carnet de identidad y, por volver a recogerlo, se tuvo que quedar prestando declaración hasta las cinco de la tarde. Qué injusticia.


 



 

 

3 comentarios:

  1. Genial!!!!
    Enhorabuena, los desarrollos son fantásticos!!!

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  2. "con los ojos como tetas de la sorpresa" jajajajajaja

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    1. Como tetas, con los pezones como el timbre de un castillo.

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