Rápida y mortal
Salgo a dar una vuelta por el hall y sala de televisión del módulo. En la cabina de funcionarios hace mucho frío, los radiadores no funcionan bien. Y es domingo. Hasta mañana no vendrá nadie de mantenimiento, porque en domingo sólo atienden urgencias y que mi viejo culo de servidor público se quede helado, evidentemente no lo es.
Así que salgo a ver y dejarme ver por el módulo. Fuera de la cabina hace más frío, pero al menos me muevo y reactivo un poco la circulación, me digo a mí mismo. En qué momento se me ha ocurrido.
Caminando directamente hacia mi, con un contoneo de caderas estudiado al milímetro para ser lo más exagerado posible sin caer en lo ridículo, viene Arlene, o Donato Veiga si atendemos al nombre que figura en su DNI. No sé si os acordáis de ella, os la presenté en un relato anterior, 'Familia extendida'. Echadle un ojo, y así recordaréis también a su novio, Poblete.
Hace unas semanas no sé a quién convencieron, dentro de la Junta de Tratamiento del centro, para que autorizase a ponerlos juntos en el mismo módulo. Poblete estaba exultante, pero todos sabiamos que las posibilidades de que aquello tuviese un buen final eran las mismas que tiene el barco de no hundirse al final de 'Titanic'. Aquello era un viaje hacia el desastre, y en menos de cuarenta y ocho horas se había puesto en marcha.
Arlene no tardó ni dos días en empezar a hacer su negocio en las duchas del módulo. En otros departamentos en los que había residido hasta entonces el hecho de estar sola y a merced de posibles ataques la había inhibido un poco pero ahora, con su novio al lado como protección, puso la máquina a funcionar a toda potencia. En la entrada de las duchas se formaban colas y Poblete, el pobre, se veía obligado a hacer de portero con los brazos cruzados y cara de malo. Porque todos conocemos casos de proxenetas obligando a mujeres a prostituirse, pero pocas veces vemos a una prostituta obligando a un hombre a proxenetarse, si es que existe ese término. Que no existe.
El caso es que Poblete, un chaval cándido y de - relativo- buen corazón, no estaba hecho para eso. Ahí de plantón mientras Arlene se tragaba un sable tras otro, su cabeza no paraba de darle vueltas a la situación. Estaba muy quemado y, en un momento en que posiblemente otro interno hizo un comentario fuera de tono sobre las prestaciones de su chica, Poblete le soltó una ostia que lo dejó despatarrado en el suelo. Aislamiento provisional, parte disciplinario y cambio de módulo automáticos. Arlene volvía a estar sola.
Así que Arlene, qué sigue acercándose a mi con un mareante contoneo de caderas, seguramente viene a darme la chapa con alguna problemática derivada de este suceso. Que si podría ver a Pablete, que si podrán volver a estar juntos en el módulo... Me voy haciendo a la idea y poniéndome en lo peor, aunque sólo se para distraer mi mente del tropical bamboleo de su cintura, hasta que por fin nos detenemos, aún metro de distancia uno de la otra.
- Don Jaime, - me dice, sin dar los buenos días. Mala señal. Algo le arde dentro, la turra va a ser fina.- ¿Posso te fazer una pregunta? De mujer trans a hombre.-
Esa no me la esperaba. Pero una chispa pasa por mi cabeza, brillante como el sol.
- ¿Y cómo sabes que soy una mujer trans?.- Zaca. Tocado y hundido. Esquivo a Arlene con un zigzagueo rápido y me refugio de nuevo en mi cabina antes de que se recupere de la confusión. He estado rápido.
Me voy a premiar con un café. Me lo merezco.
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